La audiencia del
miércoles 19 se suspendió, por lo que la próxima audiencia fue convocada para
el lunes 24 de agosto a partir de las 9.30 hs. Se prevé la declaración de Elsa
Gómez, Tania Nuez, María Beatriz Horrac, Luis Alberto Machado y Silvina Arias.
También se espera que el tribunal resuelva finalmente sobre la solicitud de
suspensión del proceso en favor de Antonio Vañek y sobre el pedido de
revocación de prisión domiciliaria de Juan Carlos Herzberg.
Ocho imputados deberán responder por los crímenes de lesa humanidad cometidos en 1976 y 1977, en perjuicio de 40 víctimas, entre ellas una embarazada
jueves, 13 de agosto de 2015
miércoles, 12 de agosto de 2015
Próxima audiencia
La próxima
audiencia fue convocada para el miércoles 12 de agosto a partir de las 9.30 hs.
Se prevé la declaración de María del Carmen Miranda, Carlos Hugo Perdomo, Luis
Córdoba, Jorge Alberto Arri y Luis Eduardo Bloga. También se espera que el
tribunal resuelva sobre la solicitud de suspensión del proceso en favor de
Antonio Vañek.
Tercera audiencia - Miércoles 5 de agosto de 2015
En la jornada del
miércoles 5 de agosto de 2015 se escucharon cuatro declaraciones.
Declaración de
Mario Alberto Peláez
En primer lugar,
fue el turno de Mario Alberto Peláez, quien fue secuestrado en dos
oportunidades: en enero y marzo de 1976.
Durante dos años
realizó tareas de albañilería en el Batallón de Infantería de Marina 3 antes de
ingresar a trabajar en el Astillero Río Santiago. Entre otras cosas tuvo que
pintar las celdas que el batallón tenía en un edificio cercano al Hospital
Naval. Esas celdas tenían un camastro de hormigón armado y eran muy cerradas.
Después de ingresar
al Astillero fue subdelegado de la Sección Maniobras.
En el año 1975 se encontraban todos luchando por un aumento salarial y otras
reivindicaciones. Se trataba de una situación laboral complicada en la que se
encontraban todas las fábricas.
El gremio que les
correspondía era la
Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), pero el
Astillero contaba con un ala de más de cien delegados que no eran reconocidos
por aquel, un ala combativa a la que Mario pertenecía. Destacó que el gremio
les ponía trabas para cualquier tipo de gestión que quisieran llevar adelante.
También que ellos tenían más representatividad que los delegados de ATE, que
defendían al gobierno de María Estela Martínez.
Mario se enfrentó
con el Secretario General de ATE, Juan Roberto "el polaco" Horvath,
por la discusión salarial. En aquel momento querían que María Estela Martínez
fuera madrina del barco que se botaría. Los trabajadores aseguraron que
estarían allí haciendo sus reclamos, por lo que las autoridades decidieron
suspender el acto.
Por su parte, el
Director del Astillero, Capitán Enrique Carranza, solía llamar a solas a Mario
para conversar con él sobre lo sucedido en las asambleas. Ante el malestar de
sus compañeros, resolvieron entre todos que formarían una comisión de siete
trabajadores para entrevistarse con el marino. Carranza no aceptó conversar con
ellos.
Durante una
movilización para informar sobre el conflicto salarial, Mario y otros dos
compañeros del Astillero fueron detenidos por personal militar y permanecieron
alojados en la Comisaría
de Ensenada. Allí había mucha gente y los tuvieron aparte en el patio de la
comisaría. En un momento llegó el Secretario General de ATE Ensenada, Juan
Carlos Marín, y refiriéndose a Mario y sus compañeros les dijo a los policías:
"Estos son Montoneros".
Entre octubre y
noviembre de 1975 secuestraron al delegado de su sección, Silvio René Marotte,
por lo que Mario pasó a ser delegado.
Era el mes de enero
y pensaba irse de vacaciones. Había organizado una reunión en su casa en
Berisso que duró hasta pasada la medianoche. Ese 16 de enero, cerca de las 4 de
la mañana, tiraron abajo la puerta de la casa. Se encontraban su mamá, su papá,
sus cuatro hermanos y el hijo pequeño de una de sus hermanas a quien apuntaron
con un arma. A Mario lo encapucharon con la funda de la almohada y se lo
llevaron.
Años más tarde supo
que las personas que lo secuestraron ingresaron por la casa de su vecino Hugo
Zárate, Segundo Jefe de Comunicaciones de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
Inmediatamente lo
trasladaron al Batallón de Infantería de Marina 3. Mario reconoció el trayecto
que hicieron por la iluminación de las calles que daban acceso a aquel. También
reconoció el ruido del portón al ingresar, ya que conocía muy bien las
instalaciones del lugar por haber trabajado allí durante dos años.
Lo encerraron solo
en una celda, de la que lo sacaban para interrogarlo bajo tortura con golpes y
el paso de electricidad. Esperaban a que se recuperara y volvían a torturarlo.
Le preguntaban nombres y direcciones de otros trabajadores. También sobre la
bomba que había hundido la
Fragata Santísima Trinidad el año anterior y por la muerte de
un sargento que transportaba pan cuando lo mataron. En seis oportunidades
simularon fusilarlo.
Perdió la noción
del tiempo; no sabía si era de día o de noche. Apenas pudo ver por una
ventanita que daba al fondo del Hospital Naval. No le dieron de comer ni de
beber. Incluso simulaban estar torturando a su padre, pero Mario nunca lo
creyó.
El lugar de tortura
era en una especie de cochera, ubicada un poco más abajo que el nivel del
terreno. Actualmente no hay pruebas visibles de la construcción.
Permaneció en aquel
lugar unos cuatro o cinco días. Entonces lo llevaron vendado y con las manos
atadas a un lugar no muy lejano de allí, a unos quince minutos de trayecto en
auto, tal vez a Infantería de la
Policía de la
Provincia de Buenos Aires. Lo dejaron tirado en ese lugar
oscuro durante un día aproximadamente.
Lo fueron a buscar,
lo hicieron subir en la parte de atrás de un auto y viajaron mucho. Entonces lo
obligaron a descender y lo dejaron en medio de un descampado. Un tiempo después
se animó a moverse y vio que cerca de allí estaba la garita de un guarda del
ferrocarril. Este paró un tren, le dio plata y le indicó que se bajara en la
estación de Temperley y allí tomara otro tren a La Plata. Era la
madrugada. Mario estaba lastimado, ensangrentado, con la ropa desgarrada y sin
zapatos. En la estación pudo ver el diario con la noticia sobre varios
trabajadores muertos en la zona.
Al llegar a La Plata tomó el colectivo y
caminó hacia su casa. Dos vecinos que salían a trabajar lo ayudaron a llegar.
Se enteró de que tanto el barrio como el Astillero se habían movilizado por su
desaparición. La fábrica estaba tomada; toda la zona se encontraba parada no
sólo por él, sino por todos los secuestros y asesinatos que se repetían.
Mario fue al
Astillero; el personal jerárquico hizo que lo revisaran en la enfermería y
luego, en el comedor, sus compañeros improvisaron un palco desde el cual habló.
Agradeció a sus compañeros y dijo que no existían garantías sobre su vida. Esa
fue la última vez que entró en el Astillero. Tiempo después le enviaron un
telegrama para que se presentara a cobrar el salario atrasado y fue despedido
por aplicación de la ley antisubversiva. Le debían un mes y medio de sueldo y
las vacaciones, que nunca se las pagaron.
También supo que
ATE Ensenada, a cargo de Marín, no apoyó el reclamo por su desaparición. Más
adelante, el Astillero mandó a hacer una puerta para reemplazar la que habían
roto cuando lo secuestraron. Su familia sufrió once operativos en los que de a
poco fueron robándose todo.
Mario se fue de su
casa; se mudó con un compañero que había ingresado hacía poco en el Astillero.
El 23 de marzo de 1976 lo secuestraron por segunda vez. Él estaba viviendo
cerca de la Comisaría
8va de La Plata. Aquel
día la policía rodeó la zona y lo secuestraron con otro muchacho estudiante,
muy parecido a él.
La policía lo
torturó en el auto en el que los secuestraron. Aún conserva las cicatrices de
los golpes que le dieron entonces. Además lo torturaron con picana con la ropa
puesta.
Luego los liberaron
no muy lejos de la casa de su familia. Fue hacía allí, pero antes de llegar vio
varios autos detenidos en la puerta. Se dirigió entonces a la Parroquia San Miguel
Arcángel, en la que había sido monaguillo, siempre acompañado por el muchacho
que habían secuestrado con él; nunca supo su nombre.
El cura se asustó
al verlo. Le dio ropa limpia y le curó las heridas. Tiempo después supo ese
cura, Laureano Diez, era Capellán de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
Después de esto
Mario se autoexilió; casi nadie sabía en dónde estaba. Se fue a vivir y
trabajar en Temperley como albañil. Más adelante formó pareja con Clara Lisa
Kultmann, militante de la
Juventud Peronista de Florencio Varela. Con ella convivía en
una casa, cercana a la de los padres de la joven. La familia provenía de una
colonia alemana de la
Provincia de Misiones. Por aquel entonces Mario trabajaba en
Quilmes y Clara había tenido que dejar su trabajo en la Municipalidad de
Temperley. Un día, al regresar de trabajar, supo que la casa de los padres de
Clara había quedado como abandonada. Ese día hubo un operativo en la zona y
desde entonces no tuvo más noticias de Clara ni de sus padres. Ella se
encontraba embarazada de 7 meses.
El tiempo pasó y se
fue a vivir al Partido de la
Costa , en donde pudo poner en pie un comercio. Hace unos
quince años regresó a Berisso. Más adelante le devolvieron su trabajo en el
Astillero, pero con tareas en la Capital Federal , por lo que tenía que viajar
cuatro horas diarias. Ahora cuenta con una dispensa por problemas de salud.
Después de tantos años en la clandestinidad, de trabajos informales, de no
poder regresar al Astillero, teniendo edad para jubilarse no puede hacerlo.
Mario dijo: "Por causa del Gobierno, por causa de las Fuerzas Armadas, por
causa de la fábrica y por causa también del sindicato ATE Ensenada de ese
momento nosotros pasamos todo lo que pasamos. Entonces creo, como mínimo, un
resarcimiento económico... pero no que nos den plata, que vayan y nos
reconozcan legalmente los años de aportes que no tenemos".
Otros trabajadores
se encuentran en la misma situación que él; hasta ahora no lograron que
atendieran sus reclamos. Dijo también que hoy en el Astillero hay malas
condiciones para trabajar. La dirigencia sindical del pasado y del presente
está desconectada de los trabajadores. Opinó que, a diferencia de ellos, él
puede estar en el Astillero y vivir feliz con el respeto de sus pares.
Mario recordó a sus
compañeros asesinados, Fortunato Agustín "Nato" Andreucci y José Luis
"Buendía" Lucero y pidió justicia por los treinta años de su vida, de
su juventud con los que pagó.
Por la privación
ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Mario están
imputados José Casimiro Fernández Carró y Roberto Eduardo Fernando Guitián.
Declaración de
Pedro Niselsky
A continuación se
escuchó la declaración de Pedro Niselsky, quien permaneció secuestrado entre
marzo de 1976 y noviembre de 1980.
Pedro trabajó en el
Frigorífico Armour hasta que cerró a fines de 1969; allí se desempeñaba en el
sector de Mantenimiento. A partir de entonces pasó a trabajar al Frigorífico
Swift.
En 1971 fue
detenido por aplicación de la Ley
17.401, Régimen de represión del comunismo. Permaneció detenido cerca de cinco
meses en la
Unidad Penitenciaria nro. 9. En aquel entonces fue despedido
del Frigorífico, pero al quedar en libertad fue reincorporado.
Tiempo después se
acogió al retiro voluntario, ya que no le satisfacían las condiciones de
trabajo del lugar. Consiguió ingresar entonces al Astillero Río Santiago. Allí
apoyaba la representación de Oscar Flamini, delegado de la sección Fundición e
integrante del Partido Comunista (PC), no reconocida por la Asociación de
Trabajadores del Estado (ATE).
Pedro trabajaba en
el Astillero Río Santiago por la mañana y por las tardes hacía tareas de
albañilería. En la semana del 24 de marzo de 1976 el Astillero había suspendido
su actividad por orden de la dirección. El jueves 25 Pedro estaba trabajando
por la mañana en una casa cercana a la suya en Berisso y regresó al mediodía
para comer. Mientras almorzaban, personal de la Armada rodeó la manzana e
irrumpieron con golpes y patadas. Revisaron toda la casa, lo vendaron,
encapucharon y se lo llevaron. A unos metros lo hicieron subir en un micro en
el que había más gente.
Hicieron un recorrido
hasta llegar a la sede de la Prefectura Naval Argentina en Ensenada. Allí los
obligaron a bajar a los empujones. Luego tuvieron que permanecer parados con
las manos en alto contra la pared. Después de unas horas los condujeron hasta
un ferry o lancha, dentro de la cual amenazaban con matarlos y tirarlos al río.
Eran aproximadamente veinte personas secuestradas.
Al bajar de la
lancha fueron conducidos a una edificación; algunos conocían el lugar. Fueron
instalados en un galpón que tenía camas y les sacaron la venda de los ojos.
Allí eran cerca de cincuenta personas, muchos trabajadores del Astillero y de
Propulsora. Por la noche lo llevaron a otro lugar, en donde lo interrogaron con
golpes por la bomba que había hundido la Fragata Santísima
Trinidad el año anterior y por sus actividades y las de sus compañeros del
Frigorífico Swift. Luego lo condujeron nuevamente al lugar en donde estaban los
demás y pudo sacarse la capucha. Recordó que en aquel lugar vio a Luis Alberto
Díaz, Julio Alberto Machado, Hugo Ernesto Ruiz Díaz.
En una oportunidad
fue al baño, en donde pudo observar hacia afuera e identificó que se encontraba
en las instalaciones de la
Escuela Naval. En aquel lugar permaneció hasta el domingo 28
de marzo. Entonces los juntaron, les ataron las manos y los hicieron marchar en
fila india hasta una embarcación. Una vez que bajaron de ella los condujeron a
un micro y los llevaron a la Unidad Penitenciaria nro. 9.
En aquel penal los
recibieron con golpes, patadas, trompadas; hubo muchos heridos. El Director del
Penal se presentó y pidió que el personal que no era de la cárcel se retirara.
Luego les sacaron las capuchas.
En la UP 9, además de los que habían
sido trasladados con él desde la Escuela Naval , se encontró con un grupo de
compañeros que habían permanecido secuestrados en Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires, 1 y 60 de La Plata.
La mayoría eran trabajadores del Frigorífico Swift. En la
cárcel compartió la celda con Juan Alejandro Aguirre durante dos o tres meses.
Por medio del
Decreto Secreto nro. 1310 / 1976 de fecha 15 de julio de 1976 quedó detenido a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=47D63BDDCB47E573B5416E96EDE7BE4F?id=210767)
Después de la UP 9 fue llevado a la Cárcel de Caseros, en donde
estuvo 1 año y 5 meses. En total permaneció secuestrado 3 años y 8 meses.
Por medio del
Decreto Secreto nro. 2370 / 1980 de fecha 13 de noviembre de 1980 quedó sin
efecto su detención.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=0B5DF5F96CD78940BD86941974948EA5?id=213159)
Pedro también se
refirió al asesinato de su esposa, Reyna Ramona Leguizamón, quien fue
secuestrada el 14 de julio de 1976 con una vecina, Marta Cáneva. Ambas fueron
llevadas al Batallón de Infantería de Marina 3, en donde las dejaron en una
celda, tapadas con una frazada. Por la noche sacaron de la celda a Marta y
cuando regresó a aquella Reyna ya no estaba allí. Marta fue liberada y murió
poco después por complicaciones de salud como consecuencia del secuestro. Los
restos de Reyna fueron encontrados en el camino comunal que une José Ferrari
con la Ruta Provincial
nro. 36, en Bartolomé Bavio, Partido de Magdalena.
Pedro destacó que
el sindicato no hizo ninguna gestión por su secuestro ni el de los demás
trabajadores. El Astillero, además de colaborar con las fuerzas armadas, tenía
espías dentro de la fábrica para señalar a los trabajadores. El Estado lo tuvo
preso sin causa ni proceso.
Al salir en
libertad concurrió en varias oportunidades al Astillero para poder hablar con
las autoridades por su reincorporación; nunca lo dejaron pasar. Entre el año
2001 y 2002 recomenzaron a gestionar la reincorporación con otros compañeros,
sin obtener respuesta hasta el año 2006. En julio de aquel año, treinta años
después de su despido, volvió a trabajar en el Astillero. Hoy Pedro tiene 73
años y problemas graves de audición. Como otros también fue dispensando, pero
no puede jubilarse. A pesar de las múltiples gestiones, ni la Nación ni la Provincia quieren
reconocer los años en que no pudo hacer aportes por culpa de la represión
estatal. Su gremio, ATE, tampoco parece escucharlo. Pedro dijo que jubilarse,
además de ser su derecho, es una reivindicación.
Por la privación ilegítima
de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Pedro sólo está
imputado Carlos José Ramón Schaller. Los delitos cometidos en perjuicio de su
esposa no son investigados en esta causa.
Declaración de
Miguel Reinaldo Aguirre
En tercer lugar
declaró Miguel Reinaldo Aguirre, quien permaneció secuestrado entre marzo de
1976 y diciembre de 1977.
Miguel trabajaba en
el Frigorífico Swift desde las 4 de la mañana hasta el mediodía; luego, hasta
la noche, lo hacía en una estación de servicio en calle 48 y Diagonal 77 en La Plata. Vivía con su
esposa y sus tres hijos.
El 24 de marzo de
1976 fue a trabajar como todos los días. Del Frigorífico lo hicieron regresar
porque ese día no había producción. Al día siguiente pasó lo mismo. Al llegar
cerca de su casa hombres uniformados de azul le pidieron sus documentos. Luego
le vendaron los ojos, lo encapucharon y lo secuestraron.
Lo condujeron en
una lancha a la Escuela
Naval , aunque en el momento no sabía adónde era llevado. En
aquella lancha se encontraba con otras personas también secuestradas y eran
todos amenazados con que serían arrojados al río.
En la Escuela Naval
permaneció en un lugar que tenía camas cuchetas con colchones y frazadas.
Permanecían tirados todo el día y les dieron de comer y beber. No lo
interrogaron. Allí vio a su hermano Roberto.
Miguel recordó que
el domingo 28 de marzo, temprano por la tarde, les vendaron los ojos, los
ataron, los llevaron nuevamente en lancha y luego en micro a la Unidad Penitenciaria
nro. 9. Pasó un año y diez meses hasta que fue liberado.
Por medio del
Decreto Secreto nro. 1310 / 1976 de fecha 15 de julio de 1976 quedó detenido a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=47D63BDDCB47E573B5416E96EDE7BE4F?id=210767)
Por medio del
Decreto Secreto nro. 3810 / 1977 de fecha 22 de diciembre de 1977 quedó sin
efecto la detención a disposición del Poder Ejecutivo.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/DisplayPdf.aspx?s=S&f=20130422&i=1)
Al ser liberado se presentó
en el Frigorífico Swift, pero no lo reincorporaron; nunca recibió ningún
documento sobre su despido. A partir de entonces trabajó informalmente y luego
en una cooperativa de taxis.
Miguel tiene hoy 75
años y declaró por primera vez. Los delitos cometidos en su perjuicio no son
investigados en esta causa.
Declaración de
Roberto Miguel Aguirre
Finalmente, fue el
turno de Roberto Miguel Aguirre, hermano de Miguel Reinaldo. Permaneció
secuestrado entre marzo y mayo de 1976.
Roberto tenía dos
hijos pequeños, de 4 y 6 años, y trabajaba en el Frigorífico Swift.
El 25 de marzo de
1976 fue secuestrado cuando se dirigía a su trabajo. Fue llevado en una
camioneta Chevrolet de la
Prefectura Naval Argentina a la sede de aquella fuerza en Ensenada.
Allí le tomaron sus datos personales y lo hicieron permanecer parado en un
pasillo con las manos en la nuca y los ojos vendados. No lo interrogaron pero
sí lo golpearon en la cabeza. Por la noche, cerca de las 22 hs., lo hicieron
subir a un micro, en donde le ataron las manos al pasamanos de un asiento. Fue
conducido al Astillero Río Santiago y de allí lo hicieron embarcar en una
lancha. Roberto pensó que era el fin de su vida. La lancha estaba llena de
gente. El viaje duró unos diez o quince minutos.
Los hicieron
descender, amenazándolos con que no se sacaran las vendas de los ojos, y los
introdujeron en los dormitorios del personal de la Marina , un salón con camas
cuchetas.
Al amanecer lo
sacaron de aquel salón con los ojos vendados y pudo escuchar una conversación
en la que se preguntaban quién era él. Lo llevaron al lugar anterior
nuevamente, en donde fue reconocido por el Oficial Amaya, con quien jugaba al
fútbol a menudo. Este le informó que sus dos hermanos, Miguel Reinaldo y Juan
Alejandro, estaban secuestrados también en ese lugar.
Al día siguiente
por la noche, el 27 de marzo, le vendaron los ojos y lo trasladaron en la
lancha de nuevo. Después de un trayecto en micro, en el que había otras
personas, llegaron a la
Unidad Penitenciaria nro. 9 al amanecer. Los golpearon al
bajar y quedó alojado allí incomunicado junto a compañeros conocidos del
Astillero y del Frigorífico.
Roberto permaneció
en la UP 9
cincuenta y seis días sin ninguna acusación. Al salir supo que había sido
echado del Frigorífico, sin haber sido indemnizado, y de la estación de
servicio en la que trabajaba.
Tiempo después
padeció otro operativo en su casa; personal de la policía y tal vez del
ejército rompieron todo buscando a un hombre que ya no vivía más allí.
Su hermano, Juan
Alejandro, quien permaneció secuestrado en similares circunstancias a las de su
otro hermano, falleció en un accidente de auto. Por disposición del Decreto
Secreto nro. 1310 / 1976 de fecha 15 de julio de 1976 Juan quedó detenido a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=47D63BDDCB47E573B5416E96EDE7BE4F?id=210767)
Y por medio del
Decreto Secreto nro. 3810 / 1977 de fecha 22 de diciembre de 1977 cesó su
arresto.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/DisplayPdf.aspx?s=S&f=20130422&i=1)
Los delitos
cometidos en perjuicio de Roberto y Juan no son investigados en esta causa.
*
Cerca del fin de la
jornada, el tribunal resolvió por mayoría que los acusados deben concurrir a
las audiencias, aunque puede permanecer fuera del recinto en donde estas se
desarrollan. Por su parte, el juez Germán Castelli opinó que no es necesario
que los acusados sean trasladados para asistir.
*
La próxima
audiencia fue convocada para el lunes 10 de agosto a partir de las 9.30 hs. Se
prevé la declaración de Luis Aníbal Rivadeneira, Luis María Digaetano, Ana
María Nievas, Perla Amelia Diez y Rubén Emilio Schaposnik.
Segunda audiencia - Lunes 3 de agosto de 2015
En la jornada del
lunes 3 de agosto de 2015 se tomaron las dos indagatorias que quedaban
pendientes y se escucharon las declaraciones de cinco víctimas.
La audiencia
comenzó con la lectura de la resolución que tomó el tribunal sobre la
declaración indagatoria de Antonio Vañek. Según esta, Vañek fue trasladado al
Hospital Central del Servicio Penitenciario Federal para declarar por
videoconferencia, para luego ser llevado nuevamente a su domicilio, en donde
cumple su arresto. La resolución fue tomada con la disidencia del juez Germán
Castelli, quien consideró que resultaría mortificante para el acusado ser
trasladado fuera de su casa.
A continuación, el
representante de Vañek, Adriano Liva, leyó un informe médico que indica que el
ex Comandante de Operaciones Navales padece un deterioro cognitivo moderado;
indicó que por ese motivo solicitaba que se suspenda el proceso en su contra.
Después de un breve
receso, el tribunal resolvió tomar la declaración indagatoria y resolver este
pedido más adelante.
Declaración de Antonio Vañek
Se leyó entonces la
acusación que pesa sobre Vañek por la privación ilegítima de la libertad de
Mario Horacio Revoledo. El imputado se negó a declarar.
Declaración de José Casimiro Fernández Carró
Luego fue el turno
de José Casimiro Fernández Carró, jefe del Batallón de Infantería de Marina 3
en el año 1976, acusado por la privación ilegítima de la libertad y aplicación
de tormentos de Luis Ramón Etchepare, Carlos García Gerboles, Carlos Daniel
Núñez, Mario Peláez, Norma Raggio, Diego Salas y Elisa Triana. El imputado dijo
que por el momento no iba a realizar declaraciones.
A continuación, se
escucharon las primeras cinco declaraciones testimoniales.
Declaración de María Adela Barraza
En primer lugar
declaró María Adela Barraza, quien permaneció secuestrada entre abril de 1976 y
octubre de 1978.
María Adela vivía
en Ensenada, había terminado el secundario en noviembre de 1975, quería seguir
estudiando magisterio y concurría a la Parroquia Nuestra
Señora de la Victoria
en la ciudad de La Plata.
En la madrugada del
5 de abril de 1976 personal de Infantería de Marina irrumpió en su casa
diciendo que buscaban a una estudiante de medicina. La condujeron a un vehículo
y le dijeron a la familia que la llevaban por averiguación de antecedentes.
Con los ojos
vendados y encapuchada fue conducida a la sede de la Prefectura Naval
Argentina en Ensenada. Allí permaneció sentada en un banco en un pasillo y
percibió que otras personas estaban a su lado. Pudo identificar a María Beatriz
Horrac a su lado y a Gustavo Naser, a quienes
conocía de la parroquia, y a una chica embarazada que permaneció poco
tiempo allí.
En varias
oportunidades fue interrogada; para ello la conducían a un oficina. Tuvo la
impresión de que había también un lugar abierto, como un patio, y una sala de
armas, en donde el personal del lugar conversaba.
En aquel lugar
permaneció dos días vendada y encapuchada, sin poder comunicarse con los otros,
sin comer ni tomar agua.
En algún momento
personal de Prefectura se comunicó con su familia y les indicó que María Adela
sería llevada a Olmos.
El 7 de abril de
1976 fue trasladada encapuchada con María Beatriz Horrac. En el trayecto
intentaron dejarlas en varios lugares, en donde no las quisieron recibir.
Finalmente, fueron dejadas en la Unidad Penitenciaria
nro. 8 de Olmos.
María Adela
permaneció allí seis meses. En el legajo del Servicio Penitenciario pudo ver la
firma del personal de Prefectura, por lo que dedujo entonces que había estado
secuestrada en la sede de esa fuerza.
Pasó a estar a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional mediante el Decreto Secreto 571 / 1976
de fecha 26 de mayo de 1976.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Inicio/index.castle?s=1&fea=16/04/2013)
En octubre de 1976
fue trasladada a la Cárcel
de Devoto, en donde permaneció dos años más. Un día recibió la noticia de que
aparecía en una lista para ser liberada. El 27 de octubre de 1976 una celadora
le dijo que sería trasladada.
Fue llevada a
Coordinación Federal, en donde le decían que esperaban un radiograma para
liberarla. Recordó el ambiente hostil, las amenazas del personal, la
incertidumbre sobre lo que le sucedería. Estuvo allí un día. Finalmente, a
medianoche, la liberaron. Tuvo que salir por una puerta trasera de las
dependencias hacia una calle oscura y solitaria. María Adela fue liberada con
Hortensia del Carmen Juárez y otra mujer de la que no recordó el nombre.
Mediante el Decreto
Secreto 2449 / 1978 del Poder Ejecutivo Nacional de fecha 17 de octubre de 1978
se dejó sin efecto su detención.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Suplementos/2013042401S.pdf)
María Adela recordó
que del mismo grupo que concurría a la Parroquia Nuestra
Señora de la Victoria ,
sus compañeros Alicia Cabrera, Nora Larrubia, Susana Larrubia, Diego Arturo
Salas, Elisa Noemí Triana, todos desaparecieron.
Por la privación
ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de María Adela
sólo está imputado Carlos José Ramón Schaller.
Declaración de Carmelo Cipollone
En segundo lugar se
escuchó la declaración de Carmelo Cipollone, quien permaneció secuestrado entre
marzo y mayo de 1976.
Carmelo nació en
Italia, trabajaba en Propulsora Siderúrgica del grupo Techint en Ensenada,
estaba casado y tenía dos hijos pequeños. Era delegado de su sector, elegido
por sus compañeros. Pertenecía al grupo de delegados no reconocidos por la Unión Obrera
Metalúrgica (UOM) de Rubén Diéguez, Héctor Dateo y Antonio Di Tomasso. Además la UOM lo había expulsado después
de que hablara en una asamblea.
Ya antes del golpe
del 24 de marzo de 1976 la empresa brindaba información sobre el cuerpo de
delegados y trabajadores a las fuerzas de seguridad.
Aquel miércoles 24
Carmelo se preparaba temprano por la mañana para salir a trabajar. Golpearon la
puerta de su casa en el Barrio Obrero de Berisso; al asomarse vio un batallón
de la Armada
desplegado frente a su casa. Mientras rompían la puerta para entrar, un marino
lo obligó a identificarse y salir de su casa saltando un paredón. Lo
encapucharon y se lo llevaron sin darle explicaciones.
En el mismo
operativo secuestran a un vecino suyo, José Luis "el ruso" Dervaric,
trabajador del Astillero Río Santiago y del Frigorífico Swift.
Carmelo relató que
lo subieron a un micro de la marca Chevrolet, de los que estaban al servicio
del personal del Astillero. Estaba lleno de trabajadores secuestrados. En el
asiento de atrás pudo escuchar a una mujer a quien conocía como
"Maruca".
Después de recorrer
Berisso, pararon en la
Comisaría. Los hicieron bajar a todos y personal policial les
tomó los datos personales. Realizando esta tarea Carmelo reconoció a Citerio,
Jefe de Turno del Taller Mecánico de Propulsora.
Después de esto los
trasladaron a un galpón en donde los obligaron a desnudarse; los revisaron, les
pegaron. Allí pudo reconocer a Osvaldo Tomás Méndez de la Prefectura Naval ,
quien le tomó una foto. Lo volvió a ver mucho años después, en 1984, cuando
sacó el permiso de ingreso al puerto. En esa oportunidad Méndez cumplía la
misma función; volvió a ocuparse de sacarle la foto que necesitaba el permiso.
A continuación los
llevaron al muelle del Astillero, en el que atracaban las lanchas de la Escuela Naval. Los
hicieron subir por un rampa a una embarcación y les ataron las manos con sogas
a los pasamanos. Cruzaron el Río Santiago y en el trayecto los amenazaban con
tirarlos al río.
Al descender de la
embarcación debieron subir por una escalerita de cemento y Carmelo alcanzó a
ver un mástil y una bandera argentina. Los condujeron con las manos atadas y
encapuchados a un lugar amplio, con camas, en donde les sacaron las sogas.
Hacía frío, estaban
casi sin ropa, algunos solamente con la ropa interior. Pasaron los días; se
escuchaba el silbato de la
Base Naval , ruido de rejas, golpes, risas del personal que
los mantenía secuestrados y por los ventiluces veían si era de día o de noche.
Al baño iban custodiados por un guardia armado. Les dieron un colchón y una
frazada que tenía la inscripción "Armada Argentina". Eran alimentados
con el rancho que sirven en las dependencias militares.
Algunos de los
secuestrados fueron llevados a las dependencias de Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires en 1 y 60 en La Plata ,
como el intendente de Ensenada, Arduino Ghio, y Jorge Arri. Este último fue
llevado nuevamente al lugar en el que permanecía Carmelo y les contó que en 1 y
60 les pegaban. Dervaric fue trasladado a Arana, en donde fue salvajemente
torturado; Carmelo lo reencontraría más adelante en la Unidad Penitenciaria
nro. 9.
Una noche fue
llevado a un cuarto, en donde le hicieron firmar unos papeles y le sacaron una
foto. Luego supo que lo mismo le sucedió a sus compañeros de cautiverio. Además
lo interrogaron con golpes y amenazas sobre personas conocidas y sus
actividades. Carmelo recordó que tenía miedo de mirar a la cara a sus captores,
la crueldad de esos días, el temor, la preocupación por lo que habría sucedido
con su mujer y sus hijos.
Entre otras
personas secuestradas en aquel lugar reconoció a Jorge Arri, Bogusas, Carrete,
Nicolás Luis Di Mattía, Adolfo Lanao, Américo Horacio Piccinini, Hugo
Ernesto Ruiz Díaz.
Mientras tanto, el
viernes 26 de marzo su esposa recibió un telegrama de parte de la empresa para
que Carmelo se presentara a trabajar. Ella les contestó que estaba
"detenido" a disposición de personal militar. Al día siguiente
recibió otro telegrama en el que le notificaban el despido por abandono de tareas.
Carmelo permaneció
en aquel lugar once días aproximadamente. Un día los encapucharon, les ataron
las manos con sogas y los sacaron corriendo al embarcadero; de allí los
trasladaron en una lancha al muelle del que habían salido. Luego nuevamente los
micros y las manos atadas a los pasamanos. Un hombre que dijo llamarse
"Teniente Lechuga" los amenazó con hacer estallar el micro con
granadas. Tal vez haya sido uno de los que participó en su secuestro.
Al anochecer
llegaron a la
Unidad Penitenciaria nro. 9. Los desataron, los hicieron
bajar encapuchados y pasar entre dos hileras de personal de fuerzas de
seguridad que asestaban golpes y patadas a los secuestrados. A Carmelo le
rompieron una costilla. La golpiza finalizó con la presentación del director del
penal, quien les dijo que estaban allí a disposición de las Fuerzas Armadas.
En la Unidad Penitenciaria
nro. 9 permaneció hasta el 27 de mayo. Allí vio, entre otros, a Julio Alberto
Machado, quien también había permanecido en las dependencias de la Escuela Naval , y
Carlos Hugo Perdomo.
Carmelo recordó
también la búsqueda de su madre por comisarías, en el Batallón de Infantería de
Marina 3 -en donde fue golpeada- y pidiendo por su liberación en el Consulado
de Italia. En los primeros días de abril le informaron que estaba en la UP 9, adonde fue con la esposa
de Carmelo y sus nietos.
Después de ser
liberado quiso regresar a trabajar. Fue a hablar con el jefe de personal de
Propulsora, Néstor Corteletti; en la entrevista además estaba el abogado de la
empresa, Fidanza. Ambos le dijeron que aceptara el dinero que la empresa le
daba y que se fuera porque no iba a volver a trabajar allí.
En 1984 denunció lo
que le había sucedido ante la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata , incluyendo el proceder
de la empresa y la complicidad de la
UOM en los secuestros, desapariciones, homicidios y el exilio
de sus compañeros.
Intentaron formar
una comisión para tratar con la empresa la reincorporación de los que fueron
echados en circunstancias similares a la suya, pero la empresa nunca quiso
conversar. Carmelo afirmó: "son grupos poderosos; se manejaban con el
brazo armado de nuestras instituciones militares (...) Ellos son los que
mandaban".
Por la privación
ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Carmelo sólo
está imputado Carlos José Ramón Schaller.
Declaración de Hugo Ernesto Ruiz Díaz
Luego fue el turno
de Hugo Ernesto Ruiz Díaz, quien permaneció secuestrado entre marzo de 1976 y
abril de 1978.
Hugo ingresó a los
12 años en Astillero Río Santiago, en donde podía capacitarse y trabajar. Hasta
1974 se desempeñó allí, cuando ingresó en la Destilería de YPF en La Plata. Desde chico lo
llamaban "Cuqui", le gustaba divertirse, salir a boliches; no tenía
militancia gremial ni política. Tenía 25 años y en marzo de 1976 lo operaron de
una mano; tuvo que guardar reposo en la Clínica La Merced de Ensenada.
El 25 de marzo de
1976 un grupo de uniformados lo fue a buscar a su casa. Su madre y hermana
fueron a la clínica para advertirle que huyera. Hugo no quiso hacerlo y ese
mismo día, más tarde, un grupo de hombres fueron a buscarlo allí. Se lo
llevaron diciéndole que lo detendrían por averiguación de antecedentes y que
pronto regresaría.
Salieron caminando,
lo subieron a una camioneta. Una vez dentro lo tiraron al piso. Fue conducido a
la sede de la
Prefectura Naval en Ensenada. Recién al bajarlo del vehículo
le vendaron los ojos y lo encapucharon. Luego le tomaron sus datos personales
y, entre otras cosas, lo hicieron arrastrarse en cuatro patas, diciéndole que
si no lo hacía se electrocutaría. Luego, durante horas lo hicieron permanecer
en un patio parado con los brazos en alto. Repetidamente le pegaron en la mano
que había sido operada y en ningún momento le suministraron los antibióticos y
calmantes que debía tomar. De aquellos momentos conserva marcas y secuelas
físicas y una lesión que nunca se curó.
En el lugar
escuchaba voces, llantos; no podía comunicarse con los demás, pero percibía que
había otros en las mismas circunstancias que él.
De allí fue
trasladado encapuchado en una camioneta a un muelle en el que lo embarcaron con
otras personas. A él lo ataron a una columna de la embarcación. Durante el
trayecto los asustaban con gritos y amenazas sobre arrojarlos en medio del río.
Los llevaron a
alguna edificación ubicada en lo que fue la Base Naval , todos
atados entre sí con sogas. Estuvo sentado varias horas; escuchaba hablar,
escuchaba quejidos, tenía miedo. Sentía que se llevaban gente del lugar pero no
sabía adónde.
En un momento lo separaron
del resto y lo pusieron contra un paredón; le dijeron que pidiera un deseo.
Hugo pensó que era el último momento de vida. Escuchó pasos del pelotón, las
armas. Simularon fusilarlo; eso fue lo más duro que vivió en su vida.
Luego lo llevaron,
encapuchado, a un lugar que tenía camas cuchetas. Le dieron de comer y por la
noche, después de despertarlo, lo llevaron a un salón en donde le sacaron una
foto. Luego fue conducido al lugar anterior. Al día siguiente un hombre que se
presentó como enfermero le revisó la mano, limpió la herida y le dio un
calmante, pero se negó a contestarle en dónde estaban.
Allí vio a Ricardo
Córdoba, Julio Machado, Ricardo "el ruso" Parulsky, supervisor del
Astillero.
Hugo conocía la Escuela Naval.
Mientras era aprendiz en el Astillero había ido en diferentes oportunidades a
buscar mesas y sillas para las fiestas de botadura. Sabía que la Base Naval había
funcionado hasta fines de la década de 1960 y que parte del personal había
pasado a trabajar al Astillero.
Después de permanecer
unos días allí, los trasladaron en lancha y luego en un micro con las ventanas
tapadas a la
Unidad Penitenciaria nro. 9.
Hugo rememoró que
al llegar a la cárcel los hicieron bajar y pasar entre filas del personal de
las fuerzas de seguridad que los hicieron correr mientras les pegaban. Él
corrió sobre gente que se había caído hasta que se frenó con el golpe de un
arma en la cabeza, cuya marca tiene hasta el presente. Tenía los ojos vendados
y estaba encapuchado. Empezó a sangrar y lo llevaron a la enfermería. No sabía
en dónde estaba ni se lo querían decir.
Luego permaneció en
una celda, con la cabeza y el brazo vendado. Estuvo cerca de quince días
incomunicado.
Por otra parte, se
había encontrado el cadáver de un muchacho de apellido Díaz, de similares
características físicas a las suyas. Su familia pensó que se trataba de él,
pero al día siguiente una vecina recibió una nota que indicaba que Hugo se
encontraba en la UP
9.
En aquella cárcel
permaneció dos años. En una oportunidad le tomaron "declaración"; en
ella Hugo contó todo lo que le había pasado desde su secuestro. Veinte días
después le comunicaron que sería liberado. Todo estaba preparado para que
saliera a la medianoche, pero Hugo se resistió porque sabía que algunos
compañeros liberados en esas horas habían sido secuestrados nuevamente o habían
sido asesinados como Dardo Cabo. Un oficial penitenciario habló con el director
de la prisión, quien lo autorizó a salir al día siguiente. Fue liberado el 30
de abril de 1978.
Fue puesto a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional mediante el Decreto Secreto nro. 1310
/ 76 de fecha 15 de julio de 1976.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Suplementos/2013041701S.pdf)
El arresto cesó
mediante otro Decreto Secreto, el nro. 923 / 78 de fecha 20 de abril de 1978.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Suplementos/2013042401S.pdf)
En democracia
volvió a trabajar en YPF hasta que fue privatizada. En los primeros años de la
década del ´90 volvió a ingresar al predio de la Escuela Naval para
realizar trabajos en las calderas. En el presente trabaja en el Astillero y
desde su lugar de trabajo, la popa del buque Eva Perón, ve todos los días el
lugar en el que permaneció secuestrado.
Al iniciar los
trámites jubilatorios supo que en YPF le guardaron el puesto entre la fecha de
su secuestro y el mes de noviembre de 1976, cuando lo echaron por abandono de
tareas. Por eso cree que su secuestro estuvo relacionado con la información que
el Astillero suministró a las fuerzas de seguridad.
Hugo afirmó que
"lo secuestraron por ser trabajador". Hoy, pudiendo jubilarse,
continúa trabajando para formar a otros.
Por la privación
ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Hugo sólo
está imputado Carlos José Ramón Schaller.
Declaración de Ricardo Mario Melano
En cuarto lugar
declaró Ricardo Mario Melano, quien permaneció secuestrado entre marzo y mayo
de 1976.
En 1973 con 18 años
entró a trabajar al Frigorífico Swift en Berisso, en donde su padre era
capataz. En diciembre del año siguiente tuvo un accidente en moto, en el que
murió un compañero. Por ello tuvo que guardar reposo durante todo el año 1975 y
el primer lunes de marzo de 1976 se reincorporó a trabajar. Además Ricardo
trabajaba en un taller de radio y televisión.
En aquella época se
sabía que la vigilancia y el control en las fábricas era constante y que se
realizaban recorridos para llevarse a los trabajadores. En Propulsora
Siderúrgica su cuñado era escoltado por personal militar hasta el vestuario, en
donde revisaban sus pertenencias.
Ricardo recordó que
el miércoles 24 de marzo no se trabajó; al presentarse en el frigorífico lo
hicieron regresar a su casa. Al día siguiente pasó lo mismo; había soldados
desplegados por toda la zona.
El viernes 26 entró
a trabajar muy temprano, cerca de las 6 de la mañana. Entre las 11 y las 11.30
aprovechó el descanso para salir a repartir mercadería del taller, que se
encontraba cerca. Al regresar, mientras conversaba con unos compañeros, dos
hombres con vestimenta militar se lo llevaron secuestrado. Lo hicieron salir
del frigorífico a los empujones y apuntándole con un arma. Uno de ellos, joven,
parecía tener más autoridad que el otro. Lo obligaron a subir en una camioneta
Dodge, en la que esperaban otros dos militares.
De allí fue
conducido a la sede de la
Prefectura Naval en Ensenada. Una vez que lo hicieron bajar
le vendaron los ojos; le sacaron sus pertenencias, le tomaron sus datos
personales, las huellas digitales y lo hicieron permanecer parado con los
brazos contra la pared unas cinco o seis horas. Ricardo percibía que había
otras personas en su misma situación. Escuchó que cerca de él amenazaron con
fusilar a un muchacho que quiso sacarse la venda de los ojos.
Lo interrogaron por
trabajadores de Propulsora Metalúrgica y del Astillero. En un momento lo
llevaron a una oficina de la que recuerda los sillones amplios. Había también
otro muchacho secuestrado. Alguien del personal del lugar los sermoneó, le
devolvió los documentos y dijo que el Jefe de Seguridad del frigorífico había
hablado por ellos.
Sin embargo, momentos
después lo sacaron de allí abruptamente, le ataron las manos y lo tiraron en
una camioneta en la que ya había más personas. Tiraron a otro chico encima de
él y encima de todos a una mujer.
Salieron de allí y
Ricardo notó que cruzaron el puente de hierro del Canal Oeste. El recorrido fue
corto, hacia la entrada del Astillero. Los hicieron bajar en fila y los
subieron a una lancha. En el trayecto amenazaban con dispararles y tirarlos al
agua. Finalmente los bajaron de la embarcación, escuchó el sonido de puertas de
hierro, rejas y entraron en un lugar. Allí les sacaron las capuchas y pudo ver
que se trataba de un gran lugar con divisiones, tipo boxes. Lo dejaron en uno
de ellos y le entregaron una frazada y un colchón.
Luego les
suministraron comida y agua. Ricardo indicó creer que también le suministraron
algún somnífero, porque no puede recordar casi nada de lo sucedido en los dos
días que permaneció tirado allí. Recordó que una vez fue al baño.
Entre las personas
secuestradas que recuerda haber visto están Carmelo Cipollone y Julio Machado.
Indicó que el
domingo 28 por la tarde los sacaron de aquel lugar, les vendaron los ojos, los
encapucharon y ataron las manos y los subieron en un micro. Rememoró también
los dichos de un hombre sobre hacer estallar el vehículo con una granada.
Después de un
recorrer un largo trayecto el micro se detuvo, lo desataron y lo tiraron por la
puerta de atrás al piso. Luego lo golpearon y le sacaron la venda. Cree que
eran unas veinte personas las que se encontraban como él. Un hombre se presentó
entonces como el Director del Penal y les dijo que era receptores de ellos. Un
interno les llevó agua.
Ricardo permaneció
en la Unidad
Penitenciaria nro. 9 hasta el 22 de mayo de 1976. Lo
liberaron y le dieron una especie de certificado con sello del Ejército pero
sin ninguna firma, en donde decía que había estado en la UP 9.
Mientras tanto su
familia sabía que estaba en aquel lugar. Una vez liberado tenía miedo de que
volvieran a secuestrarlo y no quería dormir en su casa. Además había perdido su
trabajo en el frigorífico, ya que lo habían echado por abandono de tareas. Con
su papá tramitaron los documentos necesarios y el 26 de julio de 1976 se fue
con él a Italia, en donde tenían parientes. Regresó el 1º de octubre de ese
año.
Por la privación
ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Ricardo sólo
está imputado Carlos José Ramón Schaller.
*
Después de esta
declaración, el tribunal leyó la resolución mediante la cual rechazaron la
recusación de la conjueza María Antonieta Pérez Galimberti presentada por los
defensores oficiales Adriano Liva y Fernando Buján.
*
Declaración de Américo Horacio Piccinini
Finalmente, fue el
turno de Américo Horacio Piccinini, quien permaneció secuestrado entre marzo y
septiembre de 1976.
Américo era técnico
naval, Delegado de Fragata en el Astillero Río Santiago. El miércoles 24 de
marzo de 1976 se encontró con el Astillero cerrado. Al lunes siguiente, cuando
quiso ingresar, tuvo que esperar en una larga fila para poder entrar. Había
personal militar que controlaba con una lista a todos los trabajadores. Junto a
su nombre se encontraba la leyenda "peligrosísimo".
En este operativo
de control participaba personal de la
Armada , de la
Prefectura y de vigilancia del propio Astillero. El Jefe de
Seguridad de esta era el Capitán Jorge Bigliardi.
Lo llevaron al
vestuario para revisar sus pertenencias. Al regresar hacia la entrada lo
obligaron a subir a un camión; le ataron las manos y lo encapucharon. Lo
secuestraron con Nicolás Luis Di Mattía, Luis Alberto Díaz, Alberto Dizzini,
María del Carmen Miranda y Dionisio Puz.
Todos fueron
conducidos a la sede de la
Prefectura Naval de Ensenada. Allí permanecieron dos días.
Estuvieron en un pasillo y luego parados con los brazos levantados toda la noche.
Recordó que un hombre de los que los controlaba era muy sádico; esperaba que se
cansaran y bajaran los brazos para pegarles.
A Américo lo
interrogaron en dos ocasiones y en una oportunidad simularon fusilarlo. Entre
otras cosas le preguntaban por la bomba que había hundido a la Fragata Santísima
Trinidad en septiembre de 1975.
Mientras tanto a su
casa llegó un telegrama instándolo a presentarse a trabajar. Su madre fue a
decir que estaba detenido. Más adelante le enviaron el telegrama para que se
presentara a cobrar el despido.
El miércoles 31 de
marzo los llevaron a la
Unidad Penitenciaria nro. 9, en donde permaneció hasta el 23
de septiembre de 1976.
El traslado lo
efectuaron en un micro, con las manos esposadas a los pasamanos. Una mujer les
mostró por debajo de la capucha una granada y amenazó con hacer estallar el
micro.
Durante su
secuestro en la UP
9 personal de las fuerzas de seguridad fueron a buscarlo a su casa en dos
oportunidades. Después de ser liberado, dos veces más.
Américo destacó que
su sindicato, la Asociación
de Trabajadores del Estado (ATE) no hizo nada por él ni sus compañeros
secuestrados. Al contrario, los señalaba como activistas. Recordó que en
aquella época el Secretario General de ATE Ensenada era Juan Carlos Marín y un
tal "Negro" Llanos amedrentaba a todos con un revólver en la cintura.
Después de ser
liberado se fue a Capital Federal. Muchos años después, en 2006, veintiocho
compañeros reingresaron al Astillero con la misma categoría que tenían al
momento de ser echados. Américo afirmó que no existe con ellos una reparación
histórica; destacó la situación triste y lamentable en la que se encuentran no
pudiendo jubilarse por falta de aportes.
Por la privación
ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Américo sólo
está imputado Carlos José Ramón Schaller.
*
La próxima
audiencia fue convocada para el miércoles 5 de agosto a partir de las 9.00 hs.
Se prevé la declaración de Dionisio Puz, Mario Peláez, Pedro Niselsky, Miguel
Aguirre y Roberto Aguirre.
jueves, 6 de agosto de 2015
Próxima audiencia
La próxima
audiencia fue convocada para el lunes 10 de agosto a partir de las 9.30 hs. Se
prevé la declaración de Luis Aníbal Rivadeneira, Luis María Digaetano, Ana
María Nievas, Perla Amelia Diez y Rubén Emilio Schaposnik.
Imágenes de la primera audiencia
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Tribunal Oral en lo Criminal
Federal nro. 1 de La Plata
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Tribunal Oral en lo Criminal
Federal nro. 1 de La Plata
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los jueces. De izq. a der.: María
Antonieta Pérez Galimberti, César Álvarez, Carlos Alberto Rozanski, Germán
Castelli
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los abogados defensores
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los representantes de las
querellas y de la fiscalía
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los imputados. En la fila de
atrás, Juan Carlos Herzberg, Roberto Eduardo Guitián y Jorge Alberto
Errecaborde, los tres de la Armada Argentina. En la fila de adelante, Carlos
José Ramón Schaller, Luis Rocca y Eduardo Antonio Meza, los tres de la Prefectura Naval
Argentina.
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los imputados. En la fila de
atrás, Juan Carlos Herzberg, Roberto Eduardo Guitián y Jorge Alberto
Errecaborde, los tres de la Armada Argentina. En la fila de adelante, Carlos
José Ramón Schaller, Luis Rocca y Eduardo Antonio Meza, los tres de la Prefectura Naval
Argentina.
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Juan Carlos Herzberg
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Juan Carlos Herzberg
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Jorge Alberto Errecaborde
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Carlos José Ramón Schaller
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Jorge Alberto Errecaborde
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Carlos José Ramón Schaller
Lunes 13 de julio de 2015.
Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Luis Rocca
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