jueves, 13 de agosto de 2015

Próxima audiencia

La audiencia del miércoles 19 se suspendió, por lo que la próxima audiencia fue convocada para el lunes 24 de agosto a partir de las 9.30 hs. Se prevé la declaración de Elsa Gómez, Tania Nuez, María Beatriz Horrac, Luis Alberto Machado y Silvina Arias. También se espera que el tribunal resuelva finalmente sobre la solicitud de suspensión del proceso en favor de Antonio Vañek y sobre el pedido de revocación de prisión domiciliaria de Juan Carlos Herzberg.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Próxima audiencia

La próxima audiencia fue convocada para el miércoles 12 de agosto a partir de las 9.30 hs. Se prevé la declaración de María del Carmen Miranda, Carlos Hugo Perdomo, Luis Córdoba, Jorge Alberto Arri y Luis Eduardo Bloga. También se espera que el tribunal resuelva sobre la solicitud de suspensión del proceso en favor de Antonio Vañek.

Tercera audiencia - Miércoles 5 de agosto de 2015


En la jornada del miércoles 5 de agosto de 2015 se escucharon cuatro declaraciones.

Declaración de Mario Alberto Peláez
En primer lugar, fue el turno de Mario Alberto Peláez, quien fue secuestrado en dos oportunidades: en enero y marzo de 1976.
Durante dos años realizó tareas de albañilería en el Batallón de Infantería de Marina 3 antes de ingresar a trabajar en el Astillero Río Santiago. Entre otras cosas tuvo que pintar las celdas que el batallón tenía en un edificio cercano al Hospital Naval. Esas celdas tenían un camastro de hormigón armado y eran muy cerradas.
Después de ingresar al Astillero fue subdelegado de la Sección Maniobras. En el año 1975 se encontraban todos luchando por un aumento salarial y otras reivindicaciones. Se trataba de una situación laboral complicada en la que se encontraban todas las fábricas.
El gremio que les correspondía era la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), pero el Astillero contaba con un ala de más de cien delegados que no eran reconocidos por aquel, un ala combativa a la que Mario pertenecía. Destacó que el gremio les ponía trabas para cualquier tipo de gestión que quisieran llevar adelante. También que ellos tenían más representatividad que los delegados de ATE, que defendían al gobierno de María Estela Martínez.
Mario se enfrentó con el Secretario General de ATE, Juan Roberto "el polaco" Horvath, por la discusión salarial. En aquel momento querían que María Estela Martínez fuera madrina del barco que se botaría. Los trabajadores aseguraron que estarían allí haciendo sus reclamos, por lo que las autoridades decidieron suspender el acto.
Por su parte, el Director del Astillero, Capitán Enrique Carranza, solía llamar a solas a Mario para conversar con él sobre lo sucedido en las asambleas. Ante el malestar de sus compañeros, resolvieron entre todos que formarían una comisión de siete trabajadores para entrevistarse con el marino. Carranza no aceptó conversar con ellos.
Durante una movilización para informar sobre el conflicto salarial, Mario y otros dos compañeros del Astillero fueron detenidos por personal militar y permanecieron alojados en la Comisaría de Ensenada. Allí había mucha gente y los tuvieron aparte en el patio de la comisaría. En un momento llegó el Secretario General de ATE Ensenada, Juan Carlos Marín, y refiriéndose a Mario y sus compañeros les dijo a los policías: "Estos son Montoneros".
Entre octubre y noviembre de 1975 secuestraron al delegado de su sección, Silvio René Marotte, por lo que Mario pasó a ser delegado.
Era el mes de enero y pensaba irse de vacaciones. Había organizado una reunión en su casa en Berisso que duró hasta pasada la medianoche. Ese 16 de enero, cerca de las 4 de la mañana, tiraron abajo la puerta de la casa. Se encontraban su mamá, su papá, sus cuatro hermanos y el hijo pequeño de una de sus hermanas a quien apuntaron con un arma. A Mario lo encapucharon con la funda de la almohada y se lo llevaron.
Años más tarde supo que las personas que lo secuestraron ingresaron por la casa de su vecino Hugo Zárate, Segundo Jefe de Comunicaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Inmediatamente lo trasladaron al Batallón de Infantería de Marina 3. Mario reconoció el trayecto que hicieron por la iluminación de las calles que daban acceso a aquel. También reconoció el ruido del portón al ingresar, ya que conocía muy bien las instalaciones del lugar por haber trabajado allí durante dos años.
Lo encerraron solo en una celda, de la que lo sacaban para interrogarlo bajo tortura con golpes y el paso de electricidad. Esperaban a que se recuperara y volvían a torturarlo. Le preguntaban nombres y direcciones de otros trabajadores. También sobre la bomba que había hundido la Fragata Santísima Trinidad el año anterior y por la muerte de un sargento que transportaba pan cuando lo mataron. En seis oportunidades simularon fusilarlo.
Perdió la noción del tiempo; no sabía si era de día o de noche. Apenas pudo ver por una ventanita que daba al fondo del Hospital Naval. No le dieron de comer ni de beber. Incluso simulaban estar torturando a su padre, pero Mario nunca lo creyó.
El lugar de tortura era en una especie de cochera, ubicada un poco más abajo que el nivel del terreno. Actualmente no hay pruebas visibles de la construcción.
Permaneció en aquel lugar unos cuatro o cinco días. Entonces lo llevaron vendado y con las manos atadas a un lugar no muy lejano de allí, a unos quince minutos de trayecto en auto, tal vez a Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Lo dejaron tirado en ese lugar oscuro durante un día aproximadamente.
Lo fueron a buscar, lo hicieron subir en la parte de atrás de un auto y viajaron mucho. Entonces lo obligaron a descender y lo dejaron en medio de un descampado. Un tiempo después se animó a moverse y vio que cerca de allí estaba la garita de un guarda del ferrocarril. Este paró un tren, le dio plata y le indicó que se bajara en la estación de Temperley y allí tomara otro tren a La Plata. Era la madrugada. Mario estaba lastimado, ensangrentado, con la ropa desgarrada y sin zapatos. En la estación pudo ver el diario con la noticia sobre varios trabajadores muertos en la zona.
Al llegar a La Plata tomó el colectivo y caminó hacia su casa. Dos vecinos que salían a trabajar lo ayudaron a llegar. Se enteró de que tanto el barrio como el Astillero se habían movilizado por su desaparición. La fábrica estaba tomada; toda la zona se encontraba parada no sólo por él, sino por todos los secuestros y asesinatos que se repetían.
Mario fue al Astillero; el personal jerárquico hizo que lo revisaran en la enfermería y luego, en el comedor, sus compañeros improvisaron un palco desde el cual habló. Agradeció a sus compañeros y dijo que no existían garantías sobre su vida. Esa fue la última vez que entró en el Astillero. Tiempo después le enviaron un telegrama para que se presentara a cobrar el salario atrasado y fue despedido por aplicación de la ley antisubversiva. Le debían un mes y medio de sueldo y las vacaciones, que nunca se las pagaron.
También supo que ATE Ensenada, a cargo de Marín, no apoyó el reclamo por su desaparición. Más adelante, el Astillero mandó a hacer una puerta para reemplazar la que habían roto cuando lo secuestraron. Su familia sufrió once operativos en los que de a poco fueron robándose todo.
Mario se fue de su casa; se mudó con un compañero que había ingresado hacía poco en el Astillero. El 23 de marzo de 1976 lo secuestraron por segunda vez. Él estaba viviendo cerca de la Comisaría 8va de La Plata. Aquel día la policía rodeó la zona y lo secuestraron con otro muchacho estudiante, muy parecido a él.
La policía lo torturó en el auto en el que los secuestraron. Aún conserva las cicatrices de los golpes que le dieron entonces. Además lo torturaron con picana con la ropa puesta.
Luego los liberaron no muy lejos de la casa de su familia. Fue hacía allí, pero antes de llegar vio varios autos detenidos en la puerta. Se dirigió entonces a la Parroquia San Miguel Arcángel, en la que había sido monaguillo, siempre acompañado por el muchacho que habían secuestrado con él; nunca supo su nombre.
El cura se asustó al verlo. Le dio ropa limpia y le curó las heridas. Tiempo después supo ese cura, Laureano Diez, era Capellán de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Después de esto Mario se autoexilió; casi nadie sabía en dónde estaba. Se fue a vivir y trabajar en Temperley como albañil. Más adelante formó pareja con Clara Lisa Kultmann, militante de la Juventud Peronista de Florencio Varela. Con ella convivía en una casa, cercana a la de los padres de la joven. La familia provenía de una colonia alemana de la Provincia de Misiones. Por aquel entonces Mario trabajaba en Quilmes y Clara había tenido que dejar su trabajo en la Municipalidad de Temperley. Un día, al regresar de trabajar, supo que la casa de los padres de Clara había quedado como abandonada. Ese día hubo un operativo en la zona y desde entonces no tuvo más noticias de Clara ni de sus padres. Ella se encontraba embarazada de 7 meses.
El tiempo pasó y se fue a vivir al Partido de la Costa, en donde pudo poner en pie un comercio. Hace unos quince años regresó a Berisso. Más adelante le devolvieron su trabajo en el Astillero, pero con tareas en la Capital Federal, por lo que tenía que viajar cuatro horas diarias. Ahora cuenta con una dispensa por problemas de salud. Después de tantos años en la clandestinidad, de trabajos informales, de no poder regresar al Astillero, teniendo edad para jubilarse no puede hacerlo. Mario dijo: "Por causa del Gobierno, por causa de las Fuerzas Armadas, por causa de la fábrica y por causa también del sindicato ATE Ensenada de ese momento nosotros pasamos todo lo que pasamos. Entonces creo, como mínimo, un resarcimiento económico... pero no que nos den plata, que vayan y nos reconozcan legalmente los años de aportes que no tenemos".
Otros trabajadores se encuentran en la misma situación que él; hasta ahora no lograron que atendieran sus reclamos. Dijo también que hoy en el Astillero hay malas condiciones para trabajar. La dirigencia sindical del pasado y del presente está desconectada de los trabajadores. Opinó que, a diferencia de ellos, él puede estar en el Astillero y vivir feliz con el respeto de sus pares.
Mario recordó a sus compañeros asesinados, Fortunato Agustín "Nato" Andreucci y José Luis "Buendía" Lucero y pidió justicia por los treinta años de su vida, de su juventud con los que pagó.
Por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Mario están imputados José Casimiro Fernández Carró y Roberto Eduardo Fernando Guitián.

Declaración de Pedro Niselsky
A continuación se escuchó la declaración de Pedro Niselsky, quien permaneció secuestrado entre marzo de 1976 y noviembre de 1980.
Pedro trabajó en el Frigorífico Armour hasta que cerró a fines de 1969; allí se desempeñaba en el sector de Mantenimiento. A partir de entonces pasó a trabajar al Frigorífico Swift.
En 1971 fue detenido por aplicación de la Ley 17.401, Régimen de represión del comunismo. Permaneció detenido cerca de cinco meses en la Unidad Penitenciaria nro. 9. En aquel entonces fue despedido del Frigorífico, pero al quedar en libertad fue reincorporado.
Tiempo después se acogió al retiro voluntario, ya que no le satisfacían las condiciones de trabajo del lugar. Consiguió ingresar entonces al Astillero Río Santiago. Allí apoyaba la representación de Oscar Flamini, delegado de la sección Fundición e integrante del Partido Comunista (PC), no reconocida por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).
Pedro trabajaba en el Astillero Río Santiago por la mañana y por las tardes hacía tareas de albañilería. En la semana del 24 de marzo de 1976 el Astillero había suspendido su actividad por orden de la dirección. El jueves 25 Pedro estaba trabajando por la mañana en una casa cercana a la suya en Berisso y regresó al mediodía para comer. Mientras almorzaban, personal de la Armada rodeó la manzana e irrumpieron con golpes y patadas. Revisaron toda la casa, lo vendaron, encapucharon y se lo llevaron. A unos metros lo hicieron subir en un micro en el que había más gente.
Hicieron un recorrido hasta llegar a la sede de la Prefectura Naval Argentina en Ensenada. Allí los obligaron a bajar a los empujones. Luego tuvieron que permanecer parados con las manos en alto contra la pared. Después de unas horas los condujeron hasta un ferry o lancha, dentro de la cual amenazaban con matarlos y tirarlos al río. Eran aproximadamente veinte personas secuestradas.
Al bajar de la lancha fueron conducidos a una edificación; algunos conocían el lugar. Fueron instalados en un galpón que tenía camas y les sacaron la venda de los ojos. Allí eran cerca de cincuenta personas, muchos trabajadores del Astillero y de Propulsora. Por la noche lo llevaron a otro lugar, en donde lo interrogaron con golpes por la bomba que había hundido la Fragata Santísima Trinidad el año anterior y por sus actividades y las de sus compañeros del Frigorífico Swift. Luego lo condujeron nuevamente al lugar en donde estaban los demás y pudo sacarse la capucha. Recordó que en aquel lugar vio a Luis Alberto Díaz, Julio Alberto Machado, Hugo Ernesto Ruiz Díaz.
En una oportunidad fue al baño, en donde pudo observar hacia afuera e identificó que se encontraba en las instalaciones de la Escuela Naval. En aquel lugar permaneció hasta el domingo 28 de marzo. Entonces los juntaron, les ataron las manos y los hicieron marchar en fila india hasta una embarcación. Una vez que bajaron de ella los condujeron a un micro y los llevaron a la Unidad Penitenciaria nro. 9.
En aquel penal los recibieron con golpes, patadas, trompadas; hubo muchos heridos. El Director del Penal se presentó y pidió que el personal que no era de la cárcel se retirara. Luego les sacaron las capuchas.
En la UP 9, además de los que habían sido trasladados con él desde la Escuela Naval, se encontró con un grupo de compañeros que habían permanecido secuestrados en Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, 1 y 60 de La Plata. La mayoría eran trabajadores del Frigorífico Swift. En la cárcel compartió la celda con Juan Alejandro Aguirre durante dos o tres meses.
Por medio del Decreto Secreto nro. 1310 / 1976 de fecha 15 de julio de 1976 quedó detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=47D63BDDCB47E573B5416E96EDE7BE4F?id=210767)
Después de la UP 9 fue llevado a la Cárcel de Caseros, en donde estuvo 1 año y 5 meses. En total permaneció secuestrado 3 años y 8 meses.
Por medio del Decreto Secreto nro. 2370 / 1980 de fecha 13 de noviembre de 1980 quedó sin efecto su detención.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=0B5DF5F96CD78940BD86941974948EA5?id=213159)
Pedro también se refirió al asesinato de su esposa, Reyna Ramona Leguizamón, quien fue secuestrada el 14 de julio de 1976 con una vecina, Marta Cáneva. Ambas fueron llevadas al Batallón de Infantería de Marina 3, en donde las dejaron en una celda, tapadas con una frazada. Por la noche sacaron de la celda a Marta y cuando regresó a aquella Reyna ya no estaba allí. Marta fue liberada y murió poco después por complicaciones de salud como consecuencia del secuestro. Los restos de Reyna fueron encontrados en el camino comunal que une José Ferrari con la Ruta Provincial nro. 36, en Bartolomé Bavio, Partido de Magdalena.
Pedro destacó que el sindicato no hizo ninguna gestión por su secuestro ni el de los demás trabajadores. El Astillero, además de colaborar con las fuerzas armadas, tenía espías dentro de la fábrica para señalar a los trabajadores. El Estado lo tuvo preso sin causa ni proceso.
Al salir en libertad concurrió en varias oportunidades al Astillero para poder hablar con las autoridades por su reincorporación; nunca lo dejaron pasar. Entre el año 2001 y 2002 recomenzaron a gestionar la reincorporación con otros compañeros, sin obtener respuesta hasta el año 2006. En julio de aquel año, treinta años después de su despido, volvió a trabajar en el Astillero. Hoy Pedro tiene 73 años y problemas graves de audición. Como otros también fue dispensando, pero no puede jubilarse. A pesar de las múltiples gestiones, ni la Nación ni la Provincia quieren reconocer los años en que no pudo hacer aportes por culpa de la represión estatal. Su gremio, ATE, tampoco parece escucharlo. Pedro dijo que jubilarse, además de ser su derecho, es una reivindicación.
Por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Pedro sólo está imputado Carlos José Ramón Schaller. Los delitos cometidos en perjuicio de su esposa no son investigados en esta causa.

Declaración de Miguel Reinaldo Aguirre
En tercer lugar declaró Miguel Reinaldo Aguirre, quien permaneció secuestrado entre marzo de 1976 y diciembre de 1977.
Miguel trabajaba en el Frigorífico Swift desde las 4 de la mañana hasta el mediodía; luego, hasta la noche, lo hacía en una estación de servicio en calle 48 y Diagonal 77 en La Plata. Vivía con su esposa y sus tres hijos.

El 24 de marzo de 1976 fue a trabajar como todos los días. Del Frigorífico lo hicieron regresar porque ese día no había producción. Al día siguiente pasó lo mismo. Al llegar cerca de su casa hombres uniformados de azul le pidieron sus documentos. Luego le vendaron los ojos, lo encapucharon y lo secuestraron.
Lo condujeron en una lancha a la Escuela Naval, aunque en el momento no sabía adónde era llevado. En aquella lancha se encontraba con otras personas también secuestradas y eran todos amenazados con que serían arrojados al río.
En la Escuela Naval permaneció en un lugar que tenía camas cuchetas con colchones y frazadas. Permanecían tirados todo el día y les dieron de comer y beber. No lo interrogaron. Allí vio a su hermano Roberto.
Miguel recordó que el domingo 28 de marzo, temprano por la tarde, les vendaron los ojos, los ataron, los llevaron nuevamente en lancha y luego en micro a la Unidad Penitenciaria nro. 9. Pasó un año y diez meses hasta que fue liberado.
Por medio del Decreto Secreto nro. 1310 / 1976 de fecha 15 de julio de 1976 quedó detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=47D63BDDCB47E573B5416E96EDE7BE4F?id=210767)
Por medio del Decreto Secreto nro. 3810 / 1977 de fecha 22 de diciembre de 1977 quedó sin efecto la detención a disposición del Poder Ejecutivo.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/DisplayPdf.aspx?s=S&f=20130422&i=1)
Al ser liberado se presentó en el Frigorífico Swift, pero no lo reincorporaron; nunca recibió ningún documento sobre su despido. A partir de entonces trabajó informalmente y luego en una cooperativa de taxis.
Miguel tiene hoy 75 años y declaró por primera vez. Los delitos cometidos en su perjuicio no son investigados en esta causa.

Declaración de Roberto Miguel Aguirre
Finalmente, fue el turno de Roberto Miguel Aguirre, hermano de Miguel Reinaldo. Permaneció secuestrado entre marzo y mayo de 1976.
Roberto tenía dos hijos pequeños, de 4 y 6 años, y trabajaba en el Frigorífico Swift.
El 25 de marzo de 1976 fue secuestrado cuando se dirigía a su trabajo. Fue llevado en una camioneta Chevrolet de la Prefectura Naval Argentina a la sede de aquella fuerza en Ensenada. Allí le tomaron sus datos personales y lo hicieron permanecer parado en un pasillo con las manos en la nuca y los ojos vendados. No lo interrogaron pero sí lo golpearon en la cabeza. Por la noche, cerca de las 22 hs., lo hicieron subir a un micro, en donde le ataron las manos al pasamanos de un asiento. Fue conducido al Astillero Río Santiago y de allí lo hicieron embarcar en una lancha. Roberto pensó que era el fin de su vida. La lancha estaba llena de gente. El viaje duró unos diez o quince minutos.
Los hicieron descender, amenazándolos con que no se sacaran las vendas de los ojos, y los introdujeron en los dormitorios del personal de la Marina, un salón con camas cuchetas.
Al amanecer lo sacaron de aquel salón con los ojos vendados y pudo escuchar una conversación en la que se preguntaban quién era él. Lo llevaron al lugar anterior nuevamente, en donde fue reconocido por el Oficial Amaya, con quien jugaba al fútbol a menudo. Este le informó que sus dos hermanos, Miguel Reinaldo y Juan Alejandro, estaban secuestrados también en ese lugar.
Al día siguiente por la noche, el 27 de marzo, le vendaron los ojos y lo trasladaron en la lancha de nuevo. Después de un trayecto en micro, en el que había otras personas, llegaron a la Unidad Penitenciaria nro. 9 al amanecer. Los golpearon al bajar y quedó alojado allí incomunicado junto a compañeros conocidos del Astillero y del Frigorífico.
Roberto permaneció en la UP 9 cincuenta y seis días sin ninguna acusación. Al salir supo que había sido echado del Frigorífico, sin haber sido indemnizado, y de la estación de servicio en la que trabajaba.
Tiempo después padeció otro operativo en su casa; personal de la policía y tal vez del ejército rompieron todo buscando a un hombre que ya no vivía más allí.
Su hermano, Juan Alejandro, quien permaneció secuestrado en similares circunstancias a las de su otro hermano, falleció en un accidente de auto. Por disposición del Decreto Secreto nro. 1310 / 1976 de fecha 15 de julio de 1976 Juan quedó detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
(http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do;jsessionid=47D63BDDCB47E573B5416E96EDE7BE4F?id=210767)
Y por medio del Decreto Secreto nro. 3810 / 1977 de fecha 22 de diciembre de 1977 cesó su arresto.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/DisplayPdf.aspx?s=S&f=20130422&i=1)
Los delitos cometidos en perjuicio de Roberto y Juan no son investigados en esta causa.

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Cerca del fin de la jornada, el tribunal resolvió por mayoría que los acusados deben concurrir a las audiencias, aunque puede permanecer fuera del recinto en donde estas se desarrollan. Por su parte, el juez Germán Castelli opinó que no es necesario que los acusados sean trasladados para asistir.

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La próxima audiencia fue convocada para el lunes 10 de agosto a partir de las 9.30 hs. Se prevé la declaración de Luis Aníbal Rivadeneira, Luis María Digaetano, Ana María Nievas, Perla Amelia Diez y Rubén Emilio Schaposnik.


Segunda audiencia - Lunes 3 de agosto de 2015

En la jornada del lunes 3 de agosto de 2015 se tomaron las dos indagatorias que quedaban pendientes y se escucharon las declaraciones de cinco víctimas.
La audiencia comenzó con la lectura de la resolución que tomó el tribunal sobre la declaración indagatoria de Antonio Vañek. Según esta, Vañek fue trasladado al Hospital Central del Servicio Penitenciario Federal para declarar por videoconferencia, para luego ser llevado nuevamente a su domicilio, en donde cumple su arresto. La resolución fue tomada con la disidencia del juez Germán Castelli, quien consideró que resultaría mortificante para el acusado ser trasladado fuera de su casa.
A continuación, el representante de Vañek, Adriano Liva, leyó un informe médico que indica que el ex Comandante de Operaciones Navales padece un deterioro cognitivo moderado; indicó que por ese motivo solicitaba que se suspenda el proceso en su contra.
Después de un breve receso, el tribunal resolvió tomar la declaración indagatoria y resolver este pedido más adelante.

Declaración de Antonio Vañek
Se leyó entonces la acusación que pesa sobre Vañek por la privación ilegítima de la libertad de Mario Horacio Revoledo. El imputado se negó a declarar.

Declaración de José Casimiro Fernández Carró
Luego fue el turno de José Casimiro Fernández Carró, jefe del Batallón de Infantería de Marina 3 en el año 1976, acusado por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos de Luis Ramón Etchepare, Carlos García Gerboles, Carlos Daniel Núñez, Mario Peláez, Norma Raggio, Diego Salas y Elisa Triana. El imputado dijo que por el momento no iba a realizar declaraciones.

A continuación, se escucharon las primeras cinco declaraciones testimoniales.
Declaración de María Adela Barraza
En primer lugar declaró María Adela Barraza, quien permaneció secuestrada entre abril de 1976 y octubre de 1978.
María Adela vivía en Ensenada, había terminado el secundario en noviembre de 1975, quería seguir estudiando magisterio y concurría a la Parroquia Nuestra Señora de la Victoria en la ciudad de La Plata.
En la madrugada del 5 de abril de 1976 personal de Infantería de Marina irrumpió en su casa diciendo que buscaban a una estudiante de medicina. La condujeron a un vehículo y le dijeron a la familia que la llevaban por averiguación de antecedentes.
Con los ojos vendados y encapuchada fue conducida a la sede de la Prefectura Naval Argentina en Ensenada. Allí permaneció sentada en un banco en un pasillo y percibió que otras personas estaban a su lado. Pudo identificar a María Beatriz Horrac a su lado y a Gustavo Naser, a quienes  conocía de la parroquia, y a una chica embarazada que permaneció poco tiempo allí.
En varias oportunidades fue interrogada; para ello la conducían a un oficina. Tuvo la impresión de que había también un lugar abierto, como un patio, y una sala de armas, en donde el personal del lugar conversaba.
En aquel lugar permaneció dos días vendada y encapuchada, sin poder comunicarse con los otros, sin comer ni tomar agua.
En algún momento personal de Prefectura se comunicó con su familia y les indicó que María Adela sería llevada a Olmos.
El 7 de abril de 1976 fue trasladada encapuchada con María Beatriz Horrac. En el trayecto intentaron dejarlas en varios lugares, en donde no las quisieron recibir. Finalmente, fueron dejadas en la Unidad Penitenciaria nro. 8 de Olmos.
María Adela permaneció allí seis meses. En el legajo del Servicio Penitenciario pudo ver la firma del personal de Prefectura, por lo que dedujo entonces que había estado secuestrada en la sede de esa fuerza.
Pasó a estar a disposición del Poder Ejecutivo Nacional mediante el Decreto Secreto 571 / 1976 de fecha 26 de mayo de 1976.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Inicio/index.castle?s=1&fea=16/04/2013)
En octubre de 1976 fue trasladada a la Cárcel de Devoto, en donde permaneció dos años más. Un día recibió la noticia de que aparecía en una lista para ser liberada. El 27 de octubre de 1976 una celadora le dijo que sería trasladada.
Fue llevada a Coordinación Federal, en donde le decían que esperaban un radiograma para liberarla. Recordó el ambiente hostil, las amenazas del personal, la incertidumbre sobre lo que le sucedería. Estuvo allí un día. Finalmente, a medianoche, la liberaron. Tuvo que salir por una puerta trasera de las dependencias hacia una calle oscura y solitaria. María Adela fue liberada con Hortensia del Carmen Juárez y otra mujer de la que no recordó el nombre.
Mediante el Decreto Secreto 2449 / 1978 del Poder Ejecutivo Nacional de fecha 17 de octubre de 1978 se dejó sin efecto su detención.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Suplementos/2013042401S.pdf)
María Adela recordó que del mismo grupo que concurría a la Parroquia Nuestra Señora de la Victoria, sus compañeros Alicia Cabrera, Nora Larrubia, Susana Larrubia, Diego Arturo Salas, Elisa Noemí Triana, todos desaparecieron.
Por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de María Adela sólo está imputado Carlos José Ramón Schaller.

Declaración de Carmelo Cipollone
En segundo lugar se escuchó la declaración de Carmelo Cipollone, quien permaneció secuestrado entre marzo y mayo de 1976.
Carmelo nació en Italia, trabajaba en Propulsora Siderúrgica del grupo Techint en Ensenada, estaba casado y tenía dos hijos pequeños. Era delegado de su sector, elegido por sus compañeros. Pertenecía al grupo de delegados no reconocidos por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Rubén Diéguez, Héctor Dateo y Antonio Di Tomasso. Además la UOM lo había expulsado después de que hablara en una asamblea.
Ya antes del golpe del 24 de marzo de 1976 la empresa brindaba información sobre el cuerpo de delegados y trabajadores a las fuerzas de seguridad.
Aquel miércoles 24 Carmelo se preparaba temprano por la mañana para salir a trabajar. Golpearon la puerta de su casa en el Barrio Obrero de Berisso; al asomarse vio un batallón de la Armada desplegado frente a su casa. Mientras rompían la puerta para entrar, un marino lo obligó a identificarse y salir de su casa saltando un paredón. Lo encapucharon y se lo llevaron sin darle explicaciones.
En el mismo operativo secuestran a un vecino suyo, José Luis "el ruso" Dervaric, trabajador del Astillero Río Santiago y del Frigorífico Swift.
Carmelo relató que lo subieron a un micro de la marca Chevrolet, de los que estaban al servicio del personal del Astillero. Estaba lleno de trabajadores secuestrados. En el asiento de atrás pudo escuchar a una mujer a quien conocía como "Maruca".
Después de recorrer Berisso, pararon en la Comisaría. Los hicieron bajar a todos y personal policial les tomó los datos personales. Realizando esta tarea Carmelo reconoció a Citerio, Jefe de Turno del Taller Mecánico de Propulsora.
Después de esto los trasladaron a un galpón en donde los obligaron a desnudarse; los revisaron, les pegaron. Allí pudo reconocer a Osvaldo Tomás Méndez de la Prefectura Naval, quien le tomó una foto. Lo volvió a ver mucho años después, en 1984, cuando sacó el permiso de ingreso al puerto. En esa oportunidad Méndez cumplía la misma función; volvió a ocuparse de sacarle la foto que necesitaba el permiso.
A continuación los llevaron al muelle del Astillero, en el que atracaban las lanchas de la Escuela Naval. Los hicieron subir por un rampa a una embarcación y les ataron las manos con sogas a los pasamanos. Cruzaron el Río Santiago y en el trayecto los amenazaban con tirarlos al río.
Al descender de la embarcación debieron subir por una escalerita de cemento y Carmelo alcanzó a ver un mástil y una bandera argentina. Los condujeron con las manos atadas y encapuchados a un lugar amplio, con camas, en donde les sacaron las sogas.
Hacía frío, estaban casi sin ropa, algunos solamente con la ropa interior. Pasaron los días; se escuchaba el silbato de la Base Naval, ruido de rejas, golpes, risas del personal que los mantenía secuestrados y por los ventiluces veían si era de día o de noche. Al baño iban custodiados por un guardia armado. Les dieron un colchón y una frazada que tenía la inscripción "Armada Argentina". Eran alimentados con el rancho que sirven en las dependencias militares.
Algunos de los secuestrados fueron llevados a las dependencias de Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos Aires en 1 y 60 en La Plata, como el intendente de Ensenada, Arduino Ghio, y Jorge Arri. Este último fue llevado nuevamente al lugar en el que permanecía Carmelo y les contó que en 1 y 60 les pegaban. Dervaric fue trasladado a Arana, en donde fue salvajemente torturado; Carmelo lo reencontraría más adelante en la Unidad Penitenciaria nro. 9.
Una noche fue llevado a un cuarto, en donde le hicieron firmar unos papeles y le sacaron una foto. Luego supo que lo mismo le sucedió a sus compañeros de cautiverio. Además lo interrogaron con golpes y amenazas sobre personas conocidas y sus actividades. Carmelo recordó que tenía miedo de mirar a la cara a sus captores, la crueldad de esos días, el temor, la preocupación por lo que habría sucedido con su mujer y sus hijos.
Entre otras personas secuestradas en aquel lugar reconoció a Jorge Arri, Bogusas,  Carrete,  Nicolás Luis Di Mattía, Adolfo Lanao, Américo Horacio Piccinini, Hugo Ernesto Ruiz Díaz.
Mientras tanto, el viernes 26 de marzo su esposa recibió un telegrama de parte de la empresa para que Carmelo se presentara a trabajar. Ella les contestó que estaba "detenido" a disposición de personal militar. Al día siguiente recibió otro telegrama en el que le notificaban el despido por abandono de tareas.
Carmelo permaneció en aquel lugar once días aproximadamente. Un día los encapucharon, les ataron las manos con sogas y los sacaron corriendo al embarcadero; de allí los trasladaron en una lancha al muelle del que habían salido. Luego nuevamente los micros y las manos atadas a los pasamanos. Un hombre que dijo llamarse "Teniente Lechuga" los amenazó con hacer estallar el micro con granadas. Tal vez haya sido uno de los que participó en su secuestro.
Al anochecer llegaron a la Unidad Penitenciaria nro. 9. Los desataron, los hicieron bajar encapuchados y pasar entre dos hileras de personal de fuerzas de seguridad que asestaban golpes y patadas a los secuestrados. A Carmelo le rompieron una costilla. La golpiza finalizó con la presentación del director del penal, quien les dijo que estaban allí a disposición de las Fuerzas Armadas.
En la Unidad Penitenciaria nro. 9 permaneció hasta el 27 de mayo. Allí vio, entre otros, a Julio Alberto Machado, quien también había permanecido en las dependencias de la Escuela Naval, y Carlos Hugo Perdomo.
Carmelo recordó también la búsqueda de su madre por comisarías, en el Batallón de Infantería de Marina 3 -en donde fue golpeada- y pidiendo por su liberación en el Consulado de Italia. En los primeros días de abril le informaron que estaba en la UP 9, adonde fue con la esposa de Carmelo y sus nietos.
Después de ser liberado quiso regresar a trabajar. Fue a hablar con el jefe de personal de Propulsora, Néstor Corteletti; en la entrevista además estaba el abogado de la empresa, Fidanza. Ambos le dijeron que aceptara el dinero que la empresa le daba y que se fuera porque no iba a volver a trabajar allí.
En 1984 denunció lo que le había sucedido ante la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Plata, incluyendo el proceder de la empresa y la complicidad de la UOM en los secuestros, desapariciones, homicidios y el exilio de sus compañeros.
Intentaron formar una comisión para tratar con la empresa la reincorporación de los que fueron echados en circunstancias similares a la suya, pero la empresa nunca quiso conversar. Carmelo afirmó: "son grupos poderosos; se manejaban con el brazo armado de nuestras instituciones militares (...) Ellos son los que mandaban".
Por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Carmelo sólo está imputado Carlos José Ramón Schaller.

Declaración de Hugo Ernesto Ruiz Díaz
Luego fue el turno de Hugo Ernesto Ruiz Díaz, quien permaneció secuestrado entre marzo de 1976 y abril de 1978.
Hugo ingresó a los 12 años en Astillero Río Santiago, en donde podía capacitarse y trabajar. Hasta 1974 se desempeñó allí, cuando ingresó en la Destilería de YPF en La Plata. Desde chico lo llamaban "Cuqui", le gustaba divertirse, salir a boliches; no tenía militancia gremial ni política. Tenía 25 años y en marzo de 1976 lo operaron de una mano; tuvo que guardar reposo en la Clínica La Merced de Ensenada.
El 25 de marzo de 1976 un grupo de uniformados lo fue a buscar a su casa. Su madre y hermana fueron a la clínica para advertirle que huyera. Hugo no quiso hacerlo y ese mismo día, más tarde, un grupo de hombres fueron a buscarlo allí. Se lo llevaron diciéndole que lo detendrían por averiguación de antecedentes y que pronto regresaría.
Salieron caminando, lo subieron a una camioneta. Una vez dentro lo tiraron al piso. Fue conducido a la sede de la Prefectura Naval en Ensenada. Recién al bajarlo del vehículo le vendaron los ojos y lo encapucharon. Luego le tomaron sus datos personales y, entre otras cosas, lo hicieron arrastrarse en cuatro patas, diciéndole que si no lo hacía se electrocutaría. Luego, durante horas lo hicieron permanecer en un patio parado con los brazos en alto. Repetidamente le pegaron en la mano que había sido operada y en ningún momento le suministraron los antibióticos y calmantes que debía tomar. De aquellos momentos conserva marcas y secuelas físicas y una lesión que nunca se curó.
En el lugar escuchaba voces, llantos; no podía comunicarse con los demás, pero percibía que había otros en las mismas circunstancias que él.
De allí fue trasladado encapuchado en una camioneta a un muelle en el que lo embarcaron con otras personas. A él lo ataron a una columna de la embarcación. Durante el trayecto los asustaban con gritos y amenazas sobre arrojarlos en medio del río.
Los llevaron a alguna edificación ubicada en lo que fue la Base Naval, todos atados entre sí con sogas. Estuvo sentado varias horas; escuchaba hablar, escuchaba quejidos, tenía miedo. Sentía que se llevaban gente del lugar pero no sabía adónde.
En un momento lo separaron del resto y lo pusieron contra un paredón; le dijeron que pidiera un deseo. Hugo pensó que era el último momento de vida. Escuchó pasos del pelotón, las armas. Simularon fusilarlo; eso fue lo más duro que vivió en su vida.
Luego lo llevaron, encapuchado, a un lugar que tenía camas cuchetas. Le dieron de comer y por la noche, después de despertarlo, lo llevaron a un salón en donde le sacaron una foto. Luego fue conducido al lugar anterior. Al día siguiente un hombre que se presentó como enfermero le revisó la mano, limpió la herida y le dio un calmante, pero se negó a contestarle en dónde estaban.
Allí vio a Ricardo Córdoba, Julio Machado, Ricardo "el ruso" Parulsky, supervisor del Astillero.
Hugo conocía la Escuela Naval. Mientras era aprendiz en el Astillero había ido en diferentes oportunidades a buscar mesas y sillas para las fiestas de botadura. Sabía que la Base Naval había funcionado hasta fines de la década de 1960 y que parte del personal había pasado a trabajar al Astillero.
Después de permanecer unos días allí, los trasladaron en lancha y luego en un micro con las ventanas tapadas a la Unidad Penitenciaria nro. 9.
Hugo rememoró que al llegar a la cárcel los hicieron bajar y pasar entre filas del personal de las fuerzas de seguridad que los hicieron correr mientras les pegaban. Él corrió sobre gente que se había caído hasta que se frenó con el golpe de un arma en la cabeza, cuya marca tiene hasta el presente. Tenía los ojos vendados y estaba encapuchado. Empezó a sangrar y lo llevaron a la enfermería. No sabía en dónde estaba ni se lo querían decir.
Luego permaneció en una celda, con la cabeza y el brazo vendado. Estuvo cerca de quince días incomunicado.
Por otra parte, se había encontrado el cadáver de un muchacho de apellido Díaz, de similares características físicas a las suyas. Su familia pensó que se trataba de él, pero al día siguiente una vecina recibió una nota que indicaba que Hugo se encontraba en la UP 9.
En aquella cárcel permaneció dos años. En una oportunidad le tomaron "declaración"; en ella Hugo contó todo lo que le había pasado desde su secuestro. Veinte días después le comunicaron que sería liberado. Todo estaba preparado para que saliera a la medianoche, pero Hugo se resistió porque sabía que algunos compañeros liberados en esas horas habían sido secuestrados nuevamente o habían sido asesinados como Dardo Cabo. Un oficial penitenciario habló con el director de la prisión, quien lo autorizó a salir al día siguiente. Fue liberado el 30 de abril de 1978.
Fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional mediante el Decreto Secreto nro. 1310 / 76 de fecha 15 de julio de 1976.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Suplementos/2013041701S.pdf)
El arresto cesó mediante otro Decreto Secreto, el nro. 923 / 78 de fecha 20 de abril de 1978.
(http://www.boletinoficial.gov.ar/Suplementos/2013042401S.pdf)
En democracia volvió a trabajar en YPF hasta que fue privatizada. En los primeros años de la década del ´90 volvió a ingresar al predio de la Escuela Naval para realizar trabajos en las calderas. En el presente trabaja en el Astillero y desde su lugar de trabajo, la popa del buque Eva Perón, ve todos los días el lugar en el que permaneció secuestrado.
Al iniciar los trámites jubilatorios supo que en YPF le guardaron el puesto entre la fecha de su secuestro y el mes de noviembre de 1976, cuando lo echaron por abandono de tareas. Por eso cree que su secuestro estuvo relacionado con la información que el Astillero suministró a las fuerzas de seguridad.
Hugo afirmó que "lo secuestraron por ser trabajador". Hoy, pudiendo jubilarse, continúa trabajando para formar a otros.
Por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Hugo sólo está imputado Carlos José Ramón Schaller.

Declaración de Ricardo Mario Melano
En cuarto lugar declaró Ricardo Mario Melano, quien permaneció secuestrado entre marzo y mayo de 1976.
En 1973 con 18 años entró a trabajar al Frigorífico Swift en Berisso, en donde su padre era capataz. En diciembre del año siguiente tuvo un accidente en moto, en el que murió un compañero. Por ello tuvo que guardar reposo durante todo el año 1975 y el primer lunes de marzo de 1976 se reincorporó a trabajar. Además Ricardo trabajaba en un taller de radio y televisión.
En aquella época se sabía que la vigilancia y el control en las fábricas era constante y que se realizaban recorridos para llevarse a los trabajadores. En Propulsora Siderúrgica su cuñado era escoltado por personal militar hasta el vestuario, en donde revisaban sus pertenencias.
Ricardo recordó que el miércoles 24 de marzo no se trabajó; al presentarse en el frigorífico lo hicieron regresar a su casa. Al día siguiente pasó lo mismo; había soldados desplegados por toda la zona.
El viernes 26 entró a trabajar muy temprano, cerca de las 6 de la mañana. Entre las 11 y las 11.30 aprovechó el descanso para salir a repartir mercadería del taller, que se encontraba cerca. Al regresar, mientras conversaba con unos compañeros, dos hombres con vestimenta militar se lo llevaron secuestrado. Lo hicieron salir del frigorífico a los empujones y apuntándole con un arma. Uno de ellos, joven, parecía tener más autoridad que el otro. Lo obligaron a subir en una camioneta Dodge, en la que esperaban otros dos militares.
De allí fue conducido a la sede de la Prefectura Naval en Ensenada. Una vez que lo hicieron bajar le vendaron los ojos; le sacaron sus pertenencias, le tomaron sus datos personales, las huellas digitales y lo hicieron permanecer parado con los brazos contra la pared unas cinco o seis horas. Ricardo percibía que había otras personas en su misma situación. Escuchó que cerca de él amenazaron con fusilar a un muchacho que quiso sacarse la venda de los ojos.
Lo interrogaron por trabajadores de Propulsora Metalúrgica y del Astillero. En un momento lo llevaron a una oficina de la que recuerda los sillones amplios. Había también otro muchacho secuestrado. Alguien del personal del lugar los sermoneó, le devolvió los documentos y dijo que el Jefe de Seguridad del frigorífico había hablado por ellos.
Sin embargo, momentos después lo sacaron de allí abruptamente, le ataron las manos y lo tiraron en una camioneta en la que ya había más personas. Tiraron a otro chico encima de él y encima de todos a una mujer.
Salieron de allí y Ricardo notó que cruzaron el puente de hierro del Canal Oeste. El recorrido fue corto, hacia la entrada del Astillero. Los hicieron bajar en fila y los subieron a una lancha. En el trayecto amenazaban con dispararles y tirarlos al agua. Finalmente los bajaron de la embarcación, escuchó el sonido de puertas de hierro, rejas y entraron en un lugar. Allí les sacaron las capuchas y pudo ver que se trataba de un gran lugar con divisiones, tipo boxes. Lo dejaron en uno de ellos y le entregaron una frazada y un colchón.
Luego les suministraron comida y agua. Ricardo indicó creer que también le suministraron algún somnífero, porque no puede recordar casi nada de lo sucedido en los dos días que permaneció tirado allí. Recordó que una vez fue al baño.
Entre las personas secuestradas que recuerda haber visto están Carmelo Cipollone y Julio Machado.
Indicó que el domingo 28 por la tarde los sacaron de aquel lugar, les vendaron los ojos, los encapucharon y ataron las manos y los subieron en un micro. Rememoró también los dichos de un hombre sobre hacer estallar el vehículo con una granada.
Después de un recorrer un largo trayecto el micro se detuvo, lo desataron y lo tiraron por la puerta de atrás al piso. Luego lo golpearon y le sacaron la venda. Cree que eran unas veinte personas las que se encontraban como él. Un hombre se presentó entonces como el Director del Penal y les dijo que era receptores de ellos. Un interno les llevó agua.
Ricardo permaneció en la Unidad Penitenciaria nro. 9 hasta el 22 de mayo de 1976. Lo liberaron y le dieron una especie de certificado con sello del Ejército pero sin ninguna firma, en donde decía que había estado en la UP 9.
Mientras tanto su familia sabía que estaba en aquel lugar. Una vez liberado tenía miedo de que volvieran a secuestrarlo y no quería dormir en su casa. Además había perdido su trabajo en el frigorífico, ya que lo habían echado por abandono de tareas. Con su papá tramitaron los documentos necesarios y el 26 de julio de 1976 se fue con él a Italia, en donde tenían parientes. Regresó el 1º de octubre de ese año.
Por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Ricardo sólo está imputado Carlos José Ramón Schaller.

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Después de esta declaración, el tribunal leyó la resolución mediante la cual rechazaron la recusación de la conjueza María Antonieta Pérez Galimberti presentada por los defensores oficiales Adriano Liva y Fernando Buján.
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Declaración de Américo Horacio Piccinini
Finalmente, fue el turno de Américo Horacio Piccinini, quien permaneció secuestrado entre marzo y septiembre de 1976.
Américo era técnico naval, Delegado de Fragata en el Astillero Río Santiago. El miércoles 24 de marzo de 1976 se encontró con el Astillero cerrado. Al lunes siguiente, cuando quiso ingresar, tuvo que esperar en una larga fila para poder entrar. Había personal militar que controlaba con una lista a todos los trabajadores. Junto a su nombre se encontraba la leyenda "peligrosísimo".
En este operativo de control participaba personal de la Armada, de la Prefectura y de vigilancia del propio Astillero. El Jefe de Seguridad de esta era el Capitán Jorge Bigliardi.
Lo llevaron al vestuario para revisar sus pertenencias. Al regresar hacia la entrada lo obligaron a subir a un camión; le ataron las manos y lo encapucharon. Lo secuestraron con Nicolás Luis Di Mattía, Luis Alberto Díaz, Alberto Dizzini, María del Carmen Miranda y Dionisio Puz.
Todos fueron conducidos a la sede de la Prefectura Naval de Ensenada. Allí permanecieron dos días. Estuvieron en un pasillo y luego parados con los brazos levantados toda la noche. Recordó que un hombre de los que los controlaba era muy sádico; esperaba que se cansaran y bajaran los brazos para pegarles.
A Américo lo interrogaron en dos ocasiones y en una oportunidad simularon fusilarlo. Entre otras cosas le preguntaban por la bomba que había hundido a la Fragata Santísima Trinidad en septiembre de 1975.
Mientras tanto a su casa llegó un telegrama instándolo a presentarse a trabajar. Su madre fue a decir que estaba detenido. Más adelante le enviaron el telegrama para que se presentara a cobrar el despido.
El miércoles 31 de marzo los llevaron a la Unidad Penitenciaria nro. 9, en donde permaneció hasta el 23 de septiembre de 1976.
El traslado lo efectuaron en un micro, con las manos esposadas a los pasamanos. Una mujer les mostró por debajo de la capucha una granada y amenazó con hacer estallar el micro.
Durante su secuestro en la UP 9 personal de las fuerzas de seguridad fueron a buscarlo a su casa en dos oportunidades. Después de ser liberado, dos veces más.
Américo destacó que su sindicato, la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) no hizo nada por él ni sus compañeros secuestrados. Al contrario, los señalaba como activistas. Recordó que en aquella época el Secretario General de ATE Ensenada era Juan Carlos Marín y un tal "Negro" Llanos amedrentaba a todos con un revólver en la cintura.
Después de ser liberado se fue a Capital Federal. Muchos años después, en 2006, veintiocho compañeros reingresaron al Astillero con la misma categoría que tenían al momento de ser echados. Américo afirmó que no existe con ellos una reparación histórica; destacó la situación triste y lamentable en la que se encuentran no pudiendo jubilarse por falta de aportes.
Por la privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos en perjuicio de Américo sólo está imputado Carlos José Ramón Schaller.
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La próxima audiencia fue convocada para el miércoles 5 de agosto a partir de las 9.00 hs. Se prevé la declaración de Dionisio Puz, Mario Peláez, Pedro Niselsky, Miguel Aguirre y Roberto Aguirre.

jueves, 6 de agosto de 2015

Próxima audiencia

La próxima audiencia fue convocada para el lunes 10 de agosto a partir de las 9.30 hs. Se prevé la declaración de Luis Aníbal Rivadeneira, Luis María Digaetano, Ana María Nievas, Perla Amelia Diez y Rubén Emilio Schaposnik.

Imágenes de la primera audiencia

 La Plata. Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5

 La Plata. Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5

 La Plata. Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5


 La Plata. Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5

 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 1 de La Plata

 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Tribunal Oral en lo Criminal Federal nro. 1 de La Plata

 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los jueces. De izq. a der.: María Antonieta Pérez Galimberti, César Álvarez, Carlos Alberto Rozanski, Germán Castelli


 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los abogados defensores


 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los representantes de las querellas y de la fiscalía

 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los imputados. En la fila de atrás, Juan Carlos Herzberg, Roberto Eduardo Guitián y Jorge Alberto Errecaborde, los tres de la Armada Argentina. En la fila de adelante, Carlos José Ramón Schaller, Luis Rocca y Eduardo Antonio Meza, los tres de la Prefectura Naval Argentina.


 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Los imputados. En la fila de atrás, Juan Carlos Herzberg, Roberto Eduardo Guitián y Jorge Alberto Errecaborde, los tres de la Armada Argentina. En la fila de adelante, Carlos José Ramón Schaller, Luis Rocca y Eduardo Antonio Meza, los tres de la Prefectura Naval Argentina.


 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Juan Carlos Herzberg

 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Juan Carlos Herzberg


 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián


 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián


Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Jorge Alberto Errecaborde

Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Carlos José Ramón Schaller



Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián

 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Roberto Eduardo Fernando Guitián


 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Jorge Alberto Errecaborde
 
 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Carlos José Ramón Schaller
 
 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Carlos José Ramón Schaller 

 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Luis Rocca

 
 Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Luis Rocca

 
Lunes 13 de julio de 2015. Juicio Fuerza de Tareas 5. Primera audiencia. Eduardo Antonio Meza